Para tener resultados diferentes, hay que hacer cosas diferentes.

¿Pero sabes cuántos años lleva una persona haciendo lo mismo y no ha hecho cosas diferentes?

Para una persona hacer cosas diferentes, debe cambiar su manera de pensar. Y para cambiar su manera de pensar necesita estar expuesto a una información distinta.

¿Pero sabes cuántos años lleva una persona escuchando la misma información?

Para que haya un cambio en esa persona necesitará que alguien lo guíe. Esa persona no sabe distinguir qué información es la correcta, ni que tipo de relación es conveniente. Es aquí que el líder y mentor entra en escena. El líder debe dedicar tiempo para poder transmitir su conocimiento y su modelaje será crucial en el proceso de aprendizaje. Un líder es un padre, un maestro, un mentor y debe dedicar tiempo en la persona para que ésta tenga la oportunidad de cambiar. De la misma manera, la persona debe mostrar el interés, la disposición y la energía para que el líder le dedique de su tiempo, el cuál es muy preciado.

Pero es aquí que está el problema. No hay muchos líderes dispuestos a dedicar tiempo de su vida para disciplinar, discipular y mentorear a otros. Un verdadero líder será aquel que haga todo lo posible de trasmitir su visión, su pasión y tomar de su tiempo hasta que la persona esté lista para que luego sea enviada.

Existen muchas personas que se conectan con líderes que no están dispuestos a dedicar tiempo de su vida para que las personas sean transformadas. Por eso vemos muchas personas que han sido lastimadas y frustradas en el camino, porque la persona que debió cuidar de ellos en sus inicios, de la misma manera, que se atiende y se cuida a un bebé, los abandonó y los dejó a la merced de los depredadores de la vida, de los roba sueños y de los golpes mortales que la vida suele traer.

Creo que llegó el tiempo crear los caminos rectos para que otros puedan caminar y permanecer firmes. Así lo expresa, la carta escrita a los Hebreos 12:12-13:

Por lo tanto, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y fortalezcan sus rodillas debilitadas. Tracen un camino recto para sus pies, a fin de que los débiles y los cojos no caigan, sino que se fortalezcan.