Causa 1: La pereza

El precio del éxito se paga por adelantado y al contado, y se paga trabajando. Aunque el trabajo por sí solo no garantiza el éxito, por eso es que hay mucha gente trabajadora que aún permanece en la pobreza, porque la pereza principal no es solamente la pereza de no trabajar o no querer levantarse temprano, sino la pereza de NO PENSAR.

Causa 2: La falta de un corazón enseñable

Los principios que gobiernan las riquezas pueden aprenderse. La gente que progresa sabe que el progreso comienza con el aprendizaje, que toda nuestra prosperidad está ligada a la prosperidad interna.

Causa 3: Las malas amistades

Usted es el mismo hoy que va a ser dentro de 5 años, excepto por dos cosas: la gente con quienes se asocia y los libros que lee. Si queremos tener éxito debemos elegir quiénes son los que nos influencian.

Causa 4: La mala administración

La forma que usamos el dinero habla mucho más de nuestra visión que de nuestra posición. La mala administración es la vía más rápida para llegar a ser pobre. Muéstreme una persona que administra con visión y sabiduría, y le garantizo que estamos delante de una persona que nunca será pobre en toda su vida.

Causa 5: Un lenguaje negativo

Somos literalmente gobernados por lo que hablamos, y lo que hablamos es un resultado de lo que pensamos, y lo que pensamos y hablamos tarde o templando también lo viviremos. Las palabras son el cuerpo del pensamiento.

Causa 6: La avaricia

Las personas que se afanan por buscar dinero, antes de acercarlo, más bien lo espantan. Mucha gente permanece en la pobreza tratando de alcanzar dinero, para salir de su necesidad, se vuelven esclavos de su misma necesidad y en muchos casos, incluso, también obsesionados por el dinero.

Causa 7: El egoísmo

Conozco muchas personas que por dar prosperan, pero no conozco ninguna persona que prospere por no hacerlo. La persona que solo piensa en sí misma tiene pensamientos muy pequeños, pero el que piensa en los demás está obligado a pensar en grande.

Extraído del libro: La Bendición Que Enriquece
Autor: Yader Emanuel Simpson, PHD

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